Antes de leer, escuche!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Mierda de artista

El extranjero de Albert Camus


            La novela cuenta la historia del señor Meursault, un hombre al cual no le importan muchas cosas en la vida, y que se ha transformado en un “extranjero”, en un ser que no comprende la propia vida que lleva. Narrado en primera persona, esta obra da cuenta de la desilusión del mundo por parte de un hombre al cual no le llama la atención nada de lo que sucede a su alrededor.
            El relato comienza cuando Meursault, que es el propio narrador, anuncia la muerte de su madre, quien vivía en un asilo de ancianos en otra ciudad. Sin muchos ánimos, parte rumbo al asilo para velarla y enterrarla. Cabe mencionar que son destacados algunos elementos como el fuerte sol, o el gusto del protagonista por el café con leche. Quienes van a velar a su madre no le llaman mayormente la atención, y la somnolencia, sumada al cansancio, le impiden demostrar sentimientos de tristeza hacia la muerte de su madre. Luego del entierro, regresa inmediatamente a su hogar.
            De vuelta en la ciudad, Meursault se encuentra con María en los baños, y en la noche van juntos al cine, terminando todo en la cama. Se encuentra con algunos de sus vecinos de piso, a los cuales describe con cierta lejanía. Más adelante, ante la petición de su vecino Raimundo (que le hiciera la carta a su ex pareja), Meursault comienza una amistad con él, lo cual, por supuesto, no lo emociona en absoluto. Raimundo lo invita a él y a María a la playa, a la cabaña de un amigo suyo, y el conflicto principal se desarrolla en ese lugar. Defendiendo a Raimundo, Meursault le dispara a un árabe que intentaba matarlo. El protagonista es llevado a la cárcel, y luego es imputado por este crimen. A pesar de todo el conflicto, Meursault se mantiene impasible y espera la condena, sin comprender mucho en realidad.
            Finalmente, el protagonista es condenado a muerte y, solo después de la discusión con el sacerdote se da cuenta que algo dentro de él se rompió. Descubre que esa indiferencia del mundo, que no le importaba para nada, es algo que ahora le parece agradable, y que en verdad lo hace feliz, recién cuando está al borde de la muerte. El final de la novela es inconcluso, pero se presiente que va camino a la guillotina para que le corten la cabeza.

            La visión del entorno del protagonista, al ser narrada por él mismo, se nos presenta a través de descripciones muy simples y sin ninguna profundidad interna o extremadamente emocional. Los hechos son narrados como el protagonista los vive, sin mucho interés, a veces olvidando ciertos elementos, y recordando otros que no tienen importancia (como el gusto por el café con leche, que mencionamos anteriormente).
            Sin embargo, lo más destacable es la apatía que siente Meursault con respecto a su propio entorno. Se muestra un personaje callado, que habla apenas cuando es necesario, muy serio y desinteresado por todo y por todos. Nada tiene una importancia significativa para él: ni la muerte de su madre, ni el futuro matrimonio con María, ni la condena a muerte que recibe. Es como si fuera un hombre sin sentimientos, pero se trata principalmente del valor nulo que le confiere al mundo. Es importante mencionar que existe un contexto histórico en el entramado de la novela, que Camus aplica sin siquiera mencionar: Europa se encuentra en una etapa de desolación moral, con dos guerras mundiales a cuestas, y un sentimiento de profundo desencanto por la realidad. Es este mismo desencanto el que se ve reflejado en el protagonista, el cual no se siente parte de su mundo, y el mismo título de la obra lo indica, es un extranjero dentro de su realidad. Se puede pensar al personaje de Meursault como un hombre angustiado del tiempo y lugar en que le tocó existir lo cual, en vez de transmitirse con rabia o tristeza, se manifiesta con una indiferencia total por todo lo que le concierne, incluso directamente.
            Para terminar, es necesario retomar los puntos centrales de la problemática. Un hombre que sin razón aparente se ha desencantado del mundo nos narra su historia tal y como él mismo la vive: sin tomarle mayor importancia. Lo que sí debe destacarse es que el final de la obra no es propiamente triste o indiferente; no muestra a un Meursault abatido por el odio y la indiferencia de los demás, sino que se alegra, y se da cuenta que esa indolencia de la vida le hace ser feliz en los aparentes últimos momentos de su vida. Lo que en un principio se ve como algo negativo, termina siendo la alegría del protagonista quien, sin darse cuenta, se ha interesado finalmente por algo: por el propio desinterés hacia el mundo.

Peter Bürger en su Teoría de la vanguardia

            En Teoría de la vanguardia, Peter Bürger habla de un interesante concepto, que bien podría ser considerado un elemento básico en el arte vanguardista, me refiero al “montaje”. En palabras del propio autor, “La obra «montada» da a entender  que está compuesta de fragmentos de realidad […] La reintegración del arte a la praxis vital se propone una revolución de la vida y provoca una revolución del arte  […] El montaje supone la fragmentación de la realidad y describe la fase de la constitución de la obra.” (BÜRGER, Peter. Teoría de la vanguardia. Pp.136-137). En este momento, la vanguardia cumple su cometido gracias al montaje, y vuelve a unir la praxis vital al arte.
            Por una parte, Existen varios tipos de montaje dependiendo del área en que se esté utilizando. Si se utiliza en cine, se trata de un simple montaje de imágenes, y luego Heartfield crea los fotomontajes. En pintura, en cambio, consiste en añadir a la obra materiales provenientes de la realidad y tomados (mas no creados) por el artista, brindándole un alto grado de subjetividad. Se trata de obras orgánicas, que solo pueden ser comprendidas en su totalidad (creación + realidad) y no por partes.
            Por otra parte, El montaje es utilizado por las vanguardias como un elemento capaz de provocar un shock en el receptor, debido a que generará un replanteamiento de su praxis vital al ver parte de la realidad en una obra de arte. Este carácter rompedor llevará a la búsqueda, por parte del receptor, de una nueva forma de interpretación de la obra «montada»; desde este momento, el receptor intentará descifrar los principios de construcción de la obra.
            Ahora bien, el concepto de montaje puede ser aplicado a muchísimas obras, en especial del período cubista. En esta ocasión, analizaremos la obra Guitarra, partitura y vaso de Pablo Picasso, que aporta valiosos datos sobre la época en que fue realizada.

           En esta obra es posible observar el uso de varios materiales, como el famoso papier collé que Picasso añade en varias de sus obras, el gouache (acuarela opaca), el papel y la madera. Junto con ello, también se distingue la partitura, el vaso dibujado con carboncillo, y el trozo de periódico en el costado inferior izquierdo. Éste último es el elemento más importante de todos, pues da cuenta de la época y la situación en la que se encontraba Europa. Se puede observar la mitad del título del diario, llamado Le Journal (precisamente, “El periódico”), y un subtítulo aún más interesante: La Bataille s’est engagé, “La batalla ha comenzado”, haciendo clara referencia a los primeros conflictos previos al estallido de la Primera Guerra Mundial. Picasso nos está informando el momento de tensión que hay en Francia en ese momento, nos introduce a través de este elemento de la realidad (un simple trozo de diario), y hace a la obra parte de ese mundo, lo contextualiza en su época. Comparando con lo que afirma Bürger, nuevamente podemos ratificar que la vanguardia logra su cometido de acercar el arte a la praxis vital y convertirlo en una ayuda o en parte de la sociedad. Por ello, la interpretación que debemos darle a esta obra no puede ser tradicional (por ejemplo, considerarla como la imagen de una guitarra, ya que eso es lo menos importante), sino que debemos insertarnos en la obra y tratar de comprender el porqué está ese trozo de periódico ahí; claramente debió significar algo importante para Picasso, de lo contrario no lo habría pegado. Lo que el autor desea mostrarnos es su preocupación por la época, y por dejar un legado que informe, muchos años después (como nosotros el día de hoy), los intereses e inquietudes de aquella violenta realidad.

Leviatán de Thomas Hobbes


            En la segunda parte de la obra, titulada “Del Estado”, Hobbes menciona la necesidad de un poder central que regule todo el poder del Estado, para que no esté disperso y desordenado, lo que puede llevar al caos de la sociedad. Por ello, debe existir un soberano que controle el poder de todos los individuos. Así, el autor comienza a hablarnos de su idea de Estado como Dios creado y un monstruo inmensamente poderoso.
            Uno de sus primeros postulados es que al hombre le resulta imposible vivir en sociedad sin la existencia de un poder coercitivo, a diferencia de los animales, que por su falta de raciocinio no entran en conflicto. El hombre es un individuo demasiado complejo como para dejarlo vivir sin ningún tipo de restricción.
            Más adelante, Hobbes habla sobre las cualidades del soberano, que puede obtener el poder por fuerza natural, es decir, sometiendo al pueblo, o siendo escogido por éste voluntariamente a través de una votación. Ahora bien, el formar un Estado existen algunas consecuencias, como tener respetar las órdenes del soberano sin objeciones ni protestas. Por lo tanto, su poder es absoluto y no puede ser confiscado por nadie, como si existiera un pacto firmado que puede ignorar. Ya que los súbditos han sido los electores de su soberano, las decisiones de éste también son de ellos, por lo que se hacen incuestionables. Este mismo argumento permite a Hobbes afirmar que los súbditos no pueden acusar al soberano por injusto o injurioso, pues la acusación también recaería en ellos.
            Al continuar la obra, el autor nos dice que sólo existen tres posibles tipos de Estado: Monarquía (controlada por una sola persona), democracia (comandada por una asamblea general de todos los habitantes del Estado) y Aristocracia (en donde gobierna un grupo de personas, las más aptas). A lo largo del texto se van describiendo cada una de estas formas de gobierno, con sus cualidades y defectos. Cabe destacar la existencia de un dato histórico: los libros de historia política de la época tomaban los conceptos de tiranía y oligarquía como sinónimos de monarquía y aristocracia, respectivamente.
Por otra parte, se habla de los derechos de sucesión del poder. Al morir el gobernante, hay dos opciones: el pueblo puede elegir otro, o bien asume el heredero que el


soberano había elegido antes de su muerte. A partir de este último tipo se sucesión existen tres formas posibles:
1.      Por conocimiento público: el soberano, a través de un testamento, da a conocer a sus súbditos al próximo gobernante.
2.      Por costumbre: si no dejó un sucesor, se elige al primer hijo hombre.
3.      Si el gobernante no tuvo hijos hombres, se buscará al hombre de parentesco más cercano para que lo reemplace.
Así como los súbditos deben obedecer a su señor, los hijos también a sus padres. Éste último tiene dominio sobre sus hijos ya sea por derecho paternal, o bien lo obtienen por contrato. Si no existe un contrato, es la madre quien tiene el dominio, pues de seguro es su progenitora, a diferencia del padre, que no siempre queda tan claro. De la misma forma un siervo y todas sus pertenencias son del señor al que sirve, que mediante un pacto controla toda su vida. Los hombres ceden su poder al soberano y éste les brinda protección.
Hobbes también recurre a varios pasajes bíblicos para argumentar el respeto que los súbditos deben tener hacia su soberano. Tanto poder es, en cierto modo, una cualidad divina que se le ha entregado al gobernante en este gran Leviatán.
Sin embargo, una de las grandes temáticas de la obra es la libertad. Para el autor, la libertad del hombre debe ir siempre dirigida al bien del Estado, procurando la paz entre los habitantes y la defensa del enemigo común. El hombre también es libre de defender su cuerpo y su integridad (por ejemplo, no puede acusarse a sí mismo de un crimen). Sin embargo, no tiene libertad para desobedecer lo que tiene por fin el bien de la soberanía.
Con un fin práctico, se hace una división de la sociedad según sus intereses y negocios. Así, los súbditos pueden ser regulares si tienen un representante o una asamblea, los demás serán irregulares. Toda la sociedad queda dividida y también se analizan posibles problemas entre los integrantes de la asamblea, en especial económicos.
Finalmente, el soberano tiene la facultad para designar algunos ministros que se encarguen de otras tareas del Estado. Parte del poder reside ahora en estos “representantes” del gobierno que pueden dedicarse a diferentes requerimientos del Estado.

El Hombre de Arena de E.T.A. Hoffmann


La literatura alemana del siglo XIX, se ha conocido principalmente por su aspecto gótico, que cultiva el terror y el suspenso, además del valor de la razón y las ciencias característico de la época. Debido a esto, el estilo ha recibido el hombre de “Romanticismo negro” Entre sus mayores exponentes se encuentra E.T.A. Hoffmann quien, en su cuento El hombre de arena, nos presenta varios aspectos relativos a la mente humana, los cuales están evocados en el protagonista Nataniel.
            En primer lugar, el cuento está escrito, en sus inicios, según el género de la carta. En estas cartas se explica el conflicto principal proveniente de la infancia de Nataniel: la muerte de su padre lo ha atormentado, y culpa de ello al abogado Coppelius, al que teme profundamente. Nataniel cree haber vuelto a ver a este grotesco hombre intentado venderle barómetros en G, reavivando de esta forma todos sus miedos y defectos. Las cartas también permiten que el relato esté configurado con mayor veracidad, pues estarían constituyendo el testimonio directo de los participantes de la situación. Además, cuentan la historia previa al contexto del cuento, por lo que nos introduce en todo el conflicto personal que está sufriendo Nataniel.
Existe de por medio una elaboración de personaje terrorífico por parte de Nataniel a partir de la descripción del hombre de arena que le hace una criada. Utilizando esta caracterización, Coppelius es para el protagonista un viejo asqueroso y el asesino de su padre, pensamiento que comparte con su madre y sus hermanos. Sin embargo, en Nataniel hay más miedo que odio, las pisadas del “hombre de arena” le aterraban, y le provocaban la misma tristeza que a sus padres. No puede dejar atrás los traumas de su niñez, incluso se molesta cuando su amada Clara le pide que olvide ese tipo de ideas, a pesar de que lo hace por su bien. En la mente de Nataniel, el miedo está justificado por la horrible descripción de la criada en su niñez.
En segundo lugar, la voz del narrador cambia luego de las tres cartas del cuento. Ahora se dirige directamente al lector, y lo insta a escuchar la triste historia de su amigo Nataniel. Con este recurso, el narrador nos introduce en la historia, en cierto modo, haciéndonos parte de la misma.

Por culpa de los hechos que han marcado su vida, Nataniel ha desarrollado un pensamiento oscuro y poco esperanzador: existe un destino, una fuerza externa que controla todas nuestras acciones, como si las personas no fuésemos capaces de dominarnos. Hay también un momento de misterio, en que no se sabe si Coppelius es el piamontés Coppola, vendedor de barómetros y prismáticos, o si Olimpia es una mujer de carne y hueso o un autómata.
En tercer lugar, el elemento de locura que sufre el personaje es finalmente lo que lo lleva a su trágica muerte. Al descubrir que Olimpia era una muñeca de madera con un mecanismo interno que la hacía moverse, todo su ser se confunde y entra en un colapso del cual sale momentáneamente al volver a su antiguo mundo, con Clara, Lotario y su Madre. Sin embargo, la figura de Coppelius vuelve a aparecer, y debido a los lentes que Nataniel le compró, y de esta manera vuelve a entrar en estado de locura y confusión extrema, cayendo por el balcón de la torre. Dicha confusión se da incluso en que Nataniel no sabe si se está sugestionando, o en verdad Coppelius sigue presente en su vida. Aunque haya tratado de olvidar su triste pasado, la exaltación de Nataniel fue lo que provocó su muerte, nunca superó el estigma de su infancia.
Con respecto a este aspecto irracional del protagonista, la obra presenta un tema contrario: está muy presente lo racional, el valor de las ciencias, lo cual se corresponde con el momento histórico del cuento. La idea del autómata creado por Spalanzani y Coppelius demuestra ese carácter racional, de una idea de orden y de mecanismos que permiten realizar acciones. La belleza de Olimpia sumado al estado de insensatez de Nataniel se mezclan y le hacen llegar a creer que es un ser humano, complicando aún más la realidad, sin saber qué es lo concreto y qué lo falso, y exponiéndoles su grave problema a todos sus seres queridos.
Finalmente, es posible recalcar el aspecto oscuro que se presenta en El hombre de arena. Para Nataniel, Coppelius no sólo le causa miedo, es también quien provoca su locura, quien lo vuelve completamente trastornado, y ha aparecido esporádicamente durante toda su vida, recordándole que nunca está a salvo, como una larga pesadilla que, en este caso, concluye con la muerte del exaltado protagonista.

La Divina Comedia: Infierno, de Dante Alighieri

La Divina Comedia es, sin duda, una de las obras más importantes en toda la historia de la literatura universal, y gracias a ella su autor, Dante Alighieri, ha sido reconocido como un excelso poeta. En su descenso y recorrido por el infierno, es posible reconocer diversos aspectos de la personalidad del protagonista que, acompañado por Virgilio, va experimentando los castigos que se dan a los pecadores. A través de este camino, Dante se cuestiona a menudo las sanciones de Dios para con los hombres.
Para comenzar, cuando Dante se encuentra frente a la puerta del infierno, que se conforma más bien como una advertencia de Dios, se impresiona de las palabras escritas en dicha puerta: “La justicia movió a mi supremo autor […] vosotros, que entráis, dejad aquí toda esperanza” [1] (p.31) . Los castigos están a continuación de esta puerta que Dios ha creado, y no es posible sufrir los castigos correspondientes con la esperanza de por medio. Incluso el mismo Dante recorre el infierno un tanto angustiado y confundido, pero apoyado por Virgilio es capaz de resistir.
A lo largo de todo el recorrido se va construyendo la estructura del infierno, dividido en círculos y algunos de ellos subdivididos en fosos para la distribución de las almas en base a sus pecados. Cada círculo está reservado para un pecado en particular y, al parecer, la gravedad del castigo aumenta conforme se avanza por el inframundo, por lo que el camino es más y más complicado de seguir.
Ahora bien, durante el trayecto los poetas se topan constantemente con pecadores inocentes como el mismo Virgilio, que murió antes de la aparición del Cristianismo y que desearía no tener que sufrir allí. Sin embargo, también existen pecadores blasfemos que están en contra de Dios, por ejemplo, Vanni Fucci, que lo insulta y recrimina por los castigos que da. A partir de sucesos como estos se desencadena la misericordia en Dante, que se entristece y apiada del destino que le tocó a tanta gente, pero es Virgilio quien siempre está a su lado para recordarle su propósito. Aún así, Alighieri va preguntándole con frecuencia a Dios si los castigos son acordes a


los pecados cometidos en vida o si se trata de un exceso, llegando incluso a una alusión directa a la gravedad de los castigos: “¡Oh, y qué severa es la omnipotencia de Dios, que con tales golpes castiga!” (p.138). A pesar de cuestionar constantemente los castigos, Dante acepta que la justicia divina es la que los confiere, y que por tanto no pueden estar equivocados.
Además, cabe destacar la similitud de lo anterior con lo ocurrido en Dulcicio de Roswitha. En la obra de Dante, la justicia divina se manifiesta como un castigo, y dicho castigo es una forma de poder. Entonces, si Dios castiga, y Dios también es la verdad, los castigos demuestran que los pecadores no están con la verdad. Ahora, en el texto de Roswitha el poder de Dios es capaz de confundir a Dulcicio y hacerle besar ollas y sartenes creyendo que es el trío de hermanas. También se evidencia cuando los soldados no pueden quitarles la ropa a las muchachas cristianas. Ellos no están con la verdad, que es Dios, y no hay nada que puedan hacer para lograr su objetivo, pues las divinidades paganas no representan la magnitud de Dios. Mientras en Dulcicio este poder se muestra como un milagro en el mundo real, en La Divina Comedia se narran hechos fantásticos y mitológicos vistos como una realidad.
Se puede realizar otra comparación, entre la obra de Dante y Los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. En ésta última, notamos cómo Berceo elabora una especie de paraíso terrenal y también menciona que si Adán no hubiese comido el fruto prohibido ése sería nuestro eterno hogar. A partir de eso, nadie en el mundo vive lejos del pecado, excepto la gloriosa Virgen María. En cierto modo, Berceo recrea el paraíso así como Dante recrea el infierno. Gonzalo de Berceo muestra lo que Dante está buscando, la morada de su amada y difunta Beatrice.
En fin, hemos visto la manera en que Dante Alighieri concibe el infierno, cómo las almas son separadas de acuerdo a la gravedad de su pecado y también los distintos castigos que se da a cada uno. Cabe destacar una vez más la misericordia de Dante, la forma en que se apiada de los que sufren, en especial de sus conocidos y de los que admira. Esto se ejemplifica con las promesas que hace de recordar a los muertos entre los vivos, para que los sigan recordando de la forma que quieran.
 De algún modo, Dante viene a ser el intermediario entre Dios y los pecadores, que sufren eternamente, que deben callar y resistir; es él quien se pregunta si los castigos son justos y por qué la justicia divina es tan severa. Es gracias a su “maestro” Virgilio que puede atravesar el inframundo y seguir la búsqueda de su celestial amor.


[1]  Alighieri, Dante. Obras Completas. 2º edición. Trad. Nicolás González. Madrid: B.A.C, 1965.

La historia literaria de Rodrigo Fresán


A lo largo de la historia universal, los historiadores han utilizado excesivamente el método de la periodificación de los hechos, situándolos en una línea temporal ordenada y específica. A su vez, la literatura elabora una narración subjetiva y creadora de una dimensión irreal propia. En este ámbito, el cuento de Rodrigo  Fresán “Memoria de un pueblo” nos presenta una oposición entre la historiografía y discurso literario. En el presente ensayo se evidenciará dicha oposición y la forma en que el narrador nos pone frente a la dicotomía de la periodificación y el relato personal, añadiendo una nueva posibilidad. De esta manera, y utilizando la figura del narrador, demostraremos que  “Memoria de un pueblo” es un discurso literario que se puede constituir como historia a través de la memoria personal. Para ello se utilizarán los conceptos de carta, memoria y olvido, y la comprobación de la hipótesis se realizará mediante el  análisis de las marcas textuales del cuento de Fresán.
            El cuento analizado obedece a la estructura de una carta. El narrador utiliza este genero literario para concentrar la subjetividad, ya que la carta se caracteriza por la preponderancia de la interioridad del narrador, y por estar dirigida a un destinatario. A partir del punto de hablada, se especifica la intimidad del narrador, y por tanto se refuerza la idea de la subjetividad en la carta. De cierta forma, la carta refleja una historia personal que se opone a la historiografía como un discurso estructurado y elaborado por personajes ajenos a los sucesos ocurridos. Así, dicho relato es ficticio y poco auténtico, a pesar de ser la historia “oficial”.    


            En cuanto al tema de la colectividad, es posible destacar que la estructura de la carta debe poseer un destinatario específico. Ahora bien, en el texto el destinatario varía constantemente y toma diferentes nombres (Adela, Mercedes, Beatriz, etc.), confundiendo aún más al lector. Sin embargo, si pensamos en el título del cuento “Memoria de un pueblo”, podremos inferir que realmente el narratario no es uno solo, sino todo el pueblo del autor, configurando una colectividad a la que está destinado el relato. De esta manera, se clarifica el uso del género carta para darle el enfoque literario a esta “historia”. La carta se configura como un discurso que perfectamente podría leerse ante un público, una colectividad, y no como un olvido o desmemoria, ya que éste es un recurso que permite acrecentar la idea de la memoria y el olvido en el cuento.
            Fresán dice “pero estaría como los historiadores, faltando a la verdad, simplificando los hechos para la fácil comprensión de generaciones futuras”, es decir, el narrador está construyendo un discurso que se opone al oficial, introduciéndose en la historia: una historia vista como acontecimientos experimentados y no periodificados. “La historia es una farsa innecesaria, un orden aparente, para disimular el inevitable horror de la eternidad”. El narrador no está de acuerdo con la historia “oficial” porque omite los juicios y las valoraciones subjetivas, y está enmarcada en una estructura netamente objetiva, lo que claramente no es del todo real.
            El narrador del cuento trata de confundirnos en todo momento mediante su falsa desmemoria. Pero ¿qué intenta provocar al desatar la confusión? Su objetivo es analogar la forma en que su pueblo ha perdido el sentido de la independencia. La memoria y olvido del narrador son una representación del olvido de la patria y dan cuenta de la manera en que se

construye el cuento. Aparentemente, el autor luchó para lograr la independencia de su país y construir una nación que, en la actualidad del relato, es bastante diferente a la que anhelaba conseguir. Así, refuerza su contraposición a la histografia, que no considera en absoluto los recursos de la memoria y el olvido.         
            Rodrigo Fresán, a través de la imagen del narrador, pone de manifiesto sus pensamientos acerca del discurso de la historia. En su figura se representan la preocupación por la memoria colectiva y el olvido de valores nacionales como la independencia y el patriotismo. Asimismo, define el estilo utilizado para escribir: “como dijo Javier Marías: Relatar lo ocurrido es inconcebible y vano, o bien, es sólo posible como invención". Esto refuerza su rechazo al discurso de la historia. Por lo tanto, nos presenta un discurso alternativo que, como ya sabemos, se expresa como carta. Este discurso literario actúa como una ficción que plantea una visión diferente a la de la historia periodificada.
            Para terminar, es necesario resaltar que el autor del cuento ha creado un narrador que utiliza la desmemoria (no recordar el nombre de su amada, ni los lugares donde estuvieron, etc ) como un recurso para evidenciar cómo la memoria y el olvido pueden constituir la historia. El narrador no cree en el discurso que elabora la historiografía, ya que utiliza la periodificación, y omite verdades que permitirían una mejor comprensión del texto por parte del lector. Para Fresán, lo óptimo es construir la historia a partir de la experiencia personal de quienes han estado presentes en el lugar de los hechos. En “Memoria de un pueblo” el autor contrapone la historiografía y la literatura, elaborando así una nueva forma de hacer historia más verídica, que no omite comentarios u olvidos por parte del literato / historiador.

El cuento moderno en Borges y Cortázar.



Los cuentistas latinoamericanos del siglo XX se han caracterizado por utilizar técnicas de escritura y recursos literarios capaces de modificar el “cuento clásico”, como le llama Ricardo Piglia, y transformándolo en el “cuento moderno”, el cual tiene un final sorpresivo que queda abierto, a diferencia del cuento clásico. Para Piglia, todo cuento tiene dos historias: una visible y otra oculta, pero que entrega pequeñas pistas, marcas textuales que permiten al lector elaborar una posible trama. Esto es lo que sucede en los cuentos “Discurso del oso” de Julio Cortázar y “El puñal” de Jorge Luis Borges, los cuales revelan al lector la función principal de los protagonistas de éstos. Así, el lector puede inferir, a partir de las metáforas de ambos cuentos, la verdadera identidad de los personajes. El análisis de los cuentos se llevará a cabo considerando las marcas textuales halladas en ellos.
            En primer lugar nos referiremos a “El Puñal” de Borges. La forma de narración que se utiliza es la que Piglia nos explica en su “Tesis sobre el cuento”. Según él, Borges hace de la historia oculta el tema principal de su relato. Así, se explica cómo el puñal tiene una función específica: ser usado para matar. Posteriormente, el narrador hace una especie de crítica sobre el los malos usos que se le dan al puñal, como tenerlo guardado en un escritorio o para abrir cartas. El puñal no fue inventado para realizar funciones como esas. Borges le da cierta


vida propia al puñal, su naturaleza es asesina, pero necesita de un actor que lo utilice para cumplir con su cometido. Los hombres, al tomar el puñal, sienten en sus manos la sed de sangre del mismo (“... y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres”).
En segundo lugar, tenemos el “Discurso del oso” de Cortázar. Este relato se elabora como una autodescripción por parte del personaje principal, un “oso” que vive en las cañerías de un edifico. Básicamente, el protagonista describe el itinerario de actividades que realiza a diario, encasillándolo todo en la más absoluta naturalidad, como si su vida fuese bastante común. Sin embargo, las marcas textuales entretejidas revelan pistas importantes. Por ejemplo, “Creo que me estiman porque mi pelo mantiene limpios los conductos...”; por el momento no existe ninguna alusión específica. “A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado”; comienzan las dudas, ¿acaso el oso quema a la gente? Más adelante, la interrogante se despeja bastante: “Cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien.” Según esta última aseveración, es muy factible para el lector considerar al oso como una metáfora alusiva al agua, que pasa por las cañerías, que puede calentarse y quemar, y que es utilizada por los hombres para lavarse la cara. Por lo tanto, su identidad y su función (ser usada por y para los seres vivos) quedan al descubierto gracias a este análisis textual.



Comparando ambos cuentos se puede obtener un interesante tema común: la inmortalidad de ambos personajes. En “El Puñal” esto se explicita (“es, de algún modo, eterno, el puñal que anoche mató a un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César”), ya que el objeto en cuestión tiene la misma esencia y función en cualquier espacio y tiempo en que se utilice. Se menciona a Evaristo Carriego, como una “autoridad” que tuvo el puñal en sus manos, pero eso no es importante en el desarrollo de la historia ya que, en sí, todos los puñales existentes son uno, uno eterno, y ya no interesa su tamaño ni su forma. Algo similar sucede con el “Discurso del oso”, en donde vemos, según lo detallado anteriormente, que el agua tiene la misma función en cualquier lugar o momento de la historia. En su esencia, el agua no cambia, y por ello queda inmortalizada.
Para terminar, es necesario reestablecer el punto principal del presente ensayo: tanto “Discurso del oso” como “El Puñal” nos entregan diversas marcas textuales que llevan al lector a inferir la función de los protagonistas, y por tanto  a inmortalizarlos en la ficción literaria gracias a su esencia única. Algunas de estas marcas, configuradas como metáforas, ayudan a ocultar de mejor manera la identidad de los personajes. Los escritores Julio Cortázar y Jorge Luis Borges hacen uso de recursos literarios como éstos para relacionar las dos historias que guarda el cuento (según Ricardo Piglia), generando más tensión en ellos y provocando confusión en el lector. Citaré a Carmen Roig, quien asegura: “El cuento moderno se preocupa más por "cómo se cuenta" que por "qué se cuenta". Ha disminuido la utilización de anécdotas con principio, medio y final. Ganó terreno lo ambiguo, el fragmento cargado de sentido y la exploración psicológica.”

País: Santiago, capital: Chile


Chile, a lo largo de su historia, ha sufrido serios conflictos a la hora de reflexionar sobre sus problemáticas sociales y las fuertes desigualdades que ocurren a lo largo de todo nuestro amplio territorio. Sin embargo, tal preocupación se ha enfocado plenamente en la Región Metropolitana., y el resto de ellas han sido olvidadas por el gobierno. La verdad es que el Estado, con sus políticas de desarrollo centralizado y tecnológico, no se interesa por el resto del país, y los medios de comunicación han contribuido a una desvaloración nacional impresionante.
Nuestro país es actualmente considerado como uno de los mejores de Hispanoamérica, tanto por su calidad de vida como por su posición privilegiada en la cuenca del pacífico. Además, en el último tiempo hemos experimentado una revolución tecnológica de proporciones, que nos ha brindado lujos muy propios de los países “desarrollados”. Ahora bien, esta modernidad ha permanecido en la Región Metropolitana, dejando atrás al resto del país y generando cierto rencor hacia Santiago por tal omisión.
Otro de los grandes problemas relacionados con la centralización del país son los gastos estatales excesivos que se realizan en la región metropolitana, como por ejemplo en los transportes. Los ferrocarriles, las autopistas concesionadas y, especialmente, el plan Transantiago, han significado una pérdida de dinero increíble para el Estado, sin cumplir con las expectativas esperadas tanto por el gobierno como por los usuarios de éstos. Las otras regiones han buscado formas de sacarle provecho a su atractivos, esencialmente turísticos, pero sin incentivos económicos gubernamentales tal opción se hace compleja e implicaría convertirse en una región autárquica.
Por otra parte, un gran influyente en la centralización del país (por lo menos en el ámbito social) son los medios de comunicación. Actualmente, sólo se dedican a analizar los problemas del TranSantiago y las manifestaciones por la Alameda, y no consideran como deberían los acontecimientos de la otra cara de Chile. El 27 de enero del 2007 radio, prensa y televisión se regocijaban exhibiendo las maravillas de “La Pequeña Gigante”. Nadie, por supuesto, se enteró que en esa misma fecha un grupo de habitantes de la región de Aysén increpó al sismólogo Juan Cayupi por la excesiva cantidad de temblores (unos 600 diarios) que ocurrían en aquel sitio.
Respaldando lo anterior, es necesario considerar el reciente terremoto y posterior maremoto de la misma ciudad de Puerto Aysén. Durante varios meses, los sismólogos alertaron al gobierno para que tomara las medidas pertinentes, pero la mínima atención que pusieron en el caso trajo consecuencias trágicas. “[...]Están enojados y molestos con el Gobierno, pues creen que si realmente los hubieran escuchado, la desaparición de diez personas se habría evitado. Las críticas de la gente no sólo apuntaron a la presencia de la Mandataria [Michelle Bachelet] en la zona, sino también a la ineficacia del plan de contingencia[...]”. En este extracto del diario “El Mercurio” se evidencia la forma en que hechos fundamentales para el país son mínimamente considerados en comparación con situaciones en verdad innecesarias.
Para terminar, debemos tener claro que Santiago es el principal foco de inversiones en tecnología por parte tanto del gobierno como de los medios de comunicación, y que las otras regiones han ido perdiendo mucha importancia. Es necesario cambiar la concepción de un país que debe preocuparse más de los problemas de todos sus habitantes, y que puede sentirse perfectamente orgulloso de su amplia diversidad cultural y climática, si es que supiera aprovechar los beneficios que ésta aporta.