La literatura alemana del siglo XIX, se ha conocido principalmente por su aspecto gótico, que cultiva el terror y el suspenso, además del valor de la razón y las ciencias característico de la época. Debido a esto, el estilo ha recibido el hombre de “Romanticismo negro” Entre sus mayores exponentes se encuentra E.T.A. Hoffmann quien, en su cuento El hombre de arena, nos presenta varios aspectos relativos a la mente humana, los cuales están evocados en el protagonista Nataniel.
En primer lugar, el cuento está escrito, en sus inicios, según el género de la carta. En estas cartas se explica el conflicto principal proveniente de la infancia de Nataniel: la muerte de su padre lo ha atormentado, y culpa de ello al abogado Coppelius, al que teme profundamente. Nataniel cree haber vuelto a ver a este grotesco hombre intentado venderle barómetros en G, reavivando de esta forma todos sus miedos y defectos. Las cartas también permiten que el relato esté configurado con mayor veracidad, pues estarían constituyendo el testimonio directo de los participantes de la situación. Además, cuentan la historia previa al contexto del cuento, por lo que nos introduce en todo el conflicto personal que está sufriendo Nataniel.
Existe de por medio una elaboración de personaje terrorífico por parte de Nataniel a partir de la descripción del hombre de arena que le hace una criada. Utilizando esta caracterización, Coppelius es para el protagonista un viejo asqueroso y el asesino de su padre, pensamiento que comparte con su madre y sus hermanos. Sin embargo, en Nataniel hay más miedo que odio, las pisadas del “hombre de arena” le aterraban, y le provocaban la misma tristeza que a sus padres. No puede dejar atrás los traumas de su niñez, incluso se molesta cuando su amada Clara le pide que olvide ese tipo de ideas, a pesar de que lo hace por su bien. En la mente de Nataniel, el miedo está justificado por la horrible descripción de la criada en su niñez.
En segundo lugar, la voz del narrador cambia luego de las tres cartas del cuento. Ahora se dirige directamente al lector, y lo insta a escuchar la triste historia de su amigo Nataniel. Con este recurso, el narrador nos introduce en la historia, en cierto modo, haciéndonos parte de la misma.
Por culpa de los hechos que han marcado su vida, Nataniel ha desarrollado un pensamiento oscuro y poco esperanzador: existe un destino, una fuerza externa que controla todas nuestras acciones, como si las personas no fuésemos capaces de dominarnos. Hay también un momento de misterio, en que no se sabe si Coppelius es el piamontés Coppola, vendedor de barómetros y prismáticos, o si Olimpia es una mujer de carne y hueso o un autómata.
En tercer lugar, el elemento de locura que sufre el personaje es finalmente lo que lo lleva a su trágica muerte. Al descubrir que Olimpia era una muñeca de madera con un mecanismo interno que la hacía moverse, todo su ser se confunde y entra en un colapso del cual sale momentáneamente al volver a su antiguo mundo, con Clara, Lotario y su Madre. Sin embargo, la figura de Coppelius vuelve a aparecer, y debido a los lentes que Nataniel le compró, y de esta manera vuelve a entrar en estado de locura y confusión extrema, cayendo por el balcón de la torre. Dicha confusión se da incluso en que Nataniel no sabe si se está sugestionando, o en verdad Coppelius sigue presente en su vida. Aunque haya tratado de olvidar su triste pasado, la exaltación de Nataniel fue lo que provocó su muerte, nunca superó el estigma de su infancia.
Con respecto a este aspecto irracional del protagonista, la obra presenta un tema contrario: está muy presente lo racional, el valor de las ciencias, lo cual se corresponde con el momento histórico del cuento. La idea del autómata creado por Spalanzani y Coppelius demuestra ese carácter racional, de una idea de orden y de mecanismos que permiten realizar acciones. La belleza de Olimpia sumado al estado de insensatez de Nataniel se mezclan y le hacen llegar a creer que es un ser humano, complicando aún más la realidad, sin saber qué es lo concreto y qué lo falso, y exponiéndoles su grave problema a todos sus seres queridos.
Finalmente, es posible recalcar el aspecto oscuro que se presenta en El hombre de arena. Para Nataniel, Coppelius no sólo le causa miedo, es también quien provoca su locura, quien lo vuelve completamente trastornado, y ha aparecido esporádicamente durante toda su vida, recordándole que nunca está a salvo, como una larga pesadilla que, en este caso, concluye con la muerte del exaltado protagonista.
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