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miércoles, 1 de diciembre de 2010

La historia literaria de Rodrigo Fresán


A lo largo de la historia universal, los historiadores han utilizado excesivamente el método de la periodificación de los hechos, situándolos en una línea temporal ordenada y específica. A su vez, la literatura elabora una narración subjetiva y creadora de una dimensión irreal propia. En este ámbito, el cuento de Rodrigo  Fresán “Memoria de un pueblo” nos presenta una oposición entre la historiografía y discurso literario. En el presente ensayo se evidenciará dicha oposición y la forma en que el narrador nos pone frente a la dicotomía de la periodificación y el relato personal, añadiendo una nueva posibilidad. De esta manera, y utilizando la figura del narrador, demostraremos que  “Memoria de un pueblo” es un discurso literario que se puede constituir como historia a través de la memoria personal. Para ello se utilizarán los conceptos de carta, memoria y olvido, y la comprobación de la hipótesis se realizará mediante el  análisis de las marcas textuales del cuento de Fresán.
            El cuento analizado obedece a la estructura de una carta. El narrador utiliza este genero literario para concentrar la subjetividad, ya que la carta se caracteriza por la preponderancia de la interioridad del narrador, y por estar dirigida a un destinatario. A partir del punto de hablada, se especifica la intimidad del narrador, y por tanto se refuerza la idea de la subjetividad en la carta. De cierta forma, la carta refleja una historia personal que se opone a la historiografía como un discurso estructurado y elaborado por personajes ajenos a los sucesos ocurridos. Así, dicho relato es ficticio y poco auténtico, a pesar de ser la historia “oficial”.    


            En cuanto al tema de la colectividad, es posible destacar que la estructura de la carta debe poseer un destinatario específico. Ahora bien, en el texto el destinatario varía constantemente y toma diferentes nombres (Adela, Mercedes, Beatriz, etc.), confundiendo aún más al lector. Sin embargo, si pensamos en el título del cuento “Memoria de un pueblo”, podremos inferir que realmente el narratario no es uno solo, sino todo el pueblo del autor, configurando una colectividad a la que está destinado el relato. De esta manera, se clarifica el uso del género carta para darle el enfoque literario a esta “historia”. La carta se configura como un discurso que perfectamente podría leerse ante un público, una colectividad, y no como un olvido o desmemoria, ya que éste es un recurso que permite acrecentar la idea de la memoria y el olvido en el cuento.
            Fresán dice “pero estaría como los historiadores, faltando a la verdad, simplificando los hechos para la fácil comprensión de generaciones futuras”, es decir, el narrador está construyendo un discurso que se opone al oficial, introduciéndose en la historia: una historia vista como acontecimientos experimentados y no periodificados. “La historia es una farsa innecesaria, un orden aparente, para disimular el inevitable horror de la eternidad”. El narrador no está de acuerdo con la historia “oficial” porque omite los juicios y las valoraciones subjetivas, y está enmarcada en una estructura netamente objetiva, lo que claramente no es del todo real.
            El narrador del cuento trata de confundirnos en todo momento mediante su falsa desmemoria. Pero ¿qué intenta provocar al desatar la confusión? Su objetivo es analogar la forma en que su pueblo ha perdido el sentido de la independencia. La memoria y olvido del narrador son una representación del olvido de la patria y dan cuenta de la manera en que se

construye el cuento. Aparentemente, el autor luchó para lograr la independencia de su país y construir una nación que, en la actualidad del relato, es bastante diferente a la que anhelaba conseguir. Así, refuerza su contraposición a la histografia, que no considera en absoluto los recursos de la memoria y el olvido.         
            Rodrigo Fresán, a través de la imagen del narrador, pone de manifiesto sus pensamientos acerca del discurso de la historia. En su figura se representan la preocupación por la memoria colectiva y el olvido de valores nacionales como la independencia y el patriotismo. Asimismo, define el estilo utilizado para escribir: “como dijo Javier Marías: Relatar lo ocurrido es inconcebible y vano, o bien, es sólo posible como invención". Esto refuerza su rechazo al discurso de la historia. Por lo tanto, nos presenta un discurso alternativo que, como ya sabemos, se expresa como carta. Este discurso literario actúa como una ficción que plantea una visión diferente a la de la historia periodificada.
            Para terminar, es necesario resaltar que el autor del cuento ha creado un narrador que utiliza la desmemoria (no recordar el nombre de su amada, ni los lugares donde estuvieron, etc ) como un recurso para evidenciar cómo la memoria y el olvido pueden constituir la historia. El narrador no cree en el discurso que elabora la historiografía, ya que utiliza la periodificación, y omite verdades que permitirían una mejor comprensión del texto por parte del lector. Para Fresán, lo óptimo es construir la historia a partir de la experiencia personal de quienes han estado presentes en el lugar de los hechos. En “Memoria de un pueblo” el autor contrapone la historiografía y la literatura, elaborando así una nueva forma de hacer historia más verídica, que no omite comentarios u olvidos por parte del literato / historiador.

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