La Divina Comedia es, sin duda, una de las obras más importantes en toda la historia de la literatura universal, y gracias a ella su autor, Dante Alighieri, ha sido reconocido como un excelso poeta. En su descenso y recorrido por el infierno, es posible reconocer diversos aspectos de la personalidad del protagonista que, acompañado por Virgilio, va experimentando los castigos que se dan a los pecadores. A través de este camino, Dante se cuestiona a menudo las sanciones de Dios para con los hombres.
Para comenzar, cuando Dante se encuentra frente a la puerta del infierno, que se conforma más bien como una advertencia de Dios, se impresiona de las palabras escritas en dicha puerta: “La justicia movió a mi supremo autor […] vosotros, que entráis, dejad aquí toda esperanza” [1] (p.31) . Los castigos están a continuación de esta puerta que Dios ha creado, y no es posible sufrir los castigos correspondientes con la esperanza de por medio. Incluso el mismo Dante recorre el infierno un tanto angustiado y confundido, pero apoyado por Virgilio es capaz de resistir.
A lo largo de todo el recorrido se va construyendo la estructura del infierno, dividido en círculos y algunos de ellos subdivididos en fosos para la distribución de las almas en base a sus pecados. Cada círculo está reservado para un pecado en particular y, al parecer, la gravedad del castigo aumenta conforme se avanza por el inframundo, por lo que el camino es más y más complicado de seguir.
Ahora bien, durante el trayecto los poetas se topan constantemente con pecadores inocentes como el mismo Virgilio, que murió antes de la aparición del Cristianismo y que desearía no tener que sufrir allí. Sin embargo, también existen pecadores blasfemos que están en contra de Dios, por ejemplo, Vanni Fucci, que lo insulta y recrimina por los castigos que da. A partir de sucesos como estos se desencadena la misericordia en Dante, que se entristece y apiada del destino que le tocó a tanta gente, pero es Virgilio quien siempre está a su lado para recordarle su propósito. Aún así, Alighieri va preguntándole con frecuencia a Dios si los castigos son acordes a
los pecados cometidos en vida o si se trata de un exceso, llegando incluso a una alusión directa a la gravedad de los castigos: “¡Oh, y qué severa es la omnipotencia de Dios, que con tales golpes castiga!” (p.138). A pesar de cuestionar constantemente los castigos, Dante acepta que la justicia divina es la que los confiere, y que por tanto no pueden estar equivocados.
Además, cabe destacar la similitud de lo anterior con lo ocurrido en Dulcicio de Roswitha. En la obra de Dante, la justicia divina se manifiesta como un castigo, y dicho castigo es una forma de poder. Entonces, si Dios castiga, y Dios también es la verdad, los castigos demuestran que los pecadores no están con la verdad. Ahora, en el texto de Roswitha el poder de Dios es capaz de confundir a Dulcicio y hacerle besar ollas y sartenes creyendo que es el trío de hermanas. También se evidencia cuando los soldados no pueden quitarles la ropa a las muchachas cristianas. Ellos no están con la verdad, que es Dios, y no hay nada que puedan hacer para lograr su objetivo, pues las divinidades paganas no representan la magnitud de Dios. Mientras en Dulcicio este poder se muestra como un milagro en el mundo real, en La Divina Comedia se narran hechos fantásticos y mitológicos vistos como una realidad.
Se puede realizar otra comparación, entre la obra de Dante y Los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. En ésta última, notamos cómo Berceo elabora una especie de paraíso terrenal y también menciona que si Adán no hubiese comido el fruto prohibido ése sería nuestro eterno hogar. A partir de eso, nadie en el mundo vive lejos del pecado, excepto la gloriosa Virgen María. En cierto modo, Berceo recrea el paraíso así como Dante recrea el infierno. Gonzalo de Berceo muestra lo que Dante está buscando, la morada de su amada y difunta Beatrice.
En fin, hemos visto la manera en que Dante Alighieri concibe el infierno, cómo las almas son separadas de acuerdo a la gravedad de su pecado y también los distintos castigos que se da a cada uno. Cabe destacar una vez más la misericordia de Dante, la forma en que se apiada de los que sufren, en especial de sus conocidos y de los que admira. Esto se ejemplifica con las promesas que hace de recordar a los muertos entre los vivos, para que los sigan recordando de la forma que quieran.
De algún modo, Dante viene a ser el intermediario entre Dios y los pecadores, que sufren eternamente, que deben callar y resistir; es él quien se pregunta si los castigos son justos y por qué la justicia divina es tan severa. Es gracias a su “maestro” Virgilio que puede atravesar el inframundo y seguir la búsqueda de su celestial amor.
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