La novela cuenta la historia del señor Meursault, un hombre al cual no le importan muchas cosas en la vida, y que se ha transformado en un “extranjero”, en un ser que no comprende la propia vida que lleva. Narrado en primera persona, esta obra da cuenta de la desilusión del mundo por parte de un hombre al cual no le llama la atención nada de lo que sucede a su alrededor.
El relato comienza cuando Meursault, que es el propio narrador, anuncia la muerte de su madre, quien vivía en un asilo de ancianos en otra ciudad. Sin muchos ánimos, parte rumbo al asilo para velarla y enterrarla. Cabe mencionar que son destacados algunos elementos como el fuerte sol, o el gusto del protagonista por el café con leche. Quienes van a velar a su madre no le llaman mayormente la atención, y la somnolencia, sumada al cansancio, le impiden demostrar sentimientos de tristeza hacia la muerte de su madre. Luego del entierro, regresa inmediatamente a su hogar.
De vuelta en la ciudad, Meursault se encuentra con María en los baños, y en la noche van juntos al cine, terminando todo en la cama. Se encuentra con algunos de sus vecinos de piso, a los cuales describe con cierta lejanía. Más adelante, ante la petición de su vecino Raimundo (que le hiciera la carta a su ex pareja), Meursault comienza una amistad con él, lo cual, por supuesto, no lo emociona en absoluto. Raimundo lo invita a él y a María a la playa, a la cabaña de un amigo suyo, y el conflicto principal se desarrolla en ese lugar. Defendiendo a Raimundo, Meursault le dispara a un árabe que intentaba matarlo. El protagonista es llevado a la cárcel, y luego es imputado por este crimen. A pesar de todo el conflicto, Meursault se mantiene impasible y espera la condena, sin comprender mucho en realidad.
Finalmente, el protagonista es condenado a muerte y, solo después de la discusión con el sacerdote se da cuenta que algo dentro de él se rompió. Descubre que esa indiferencia del mundo, que no le importaba para nada, es algo que ahora le parece agradable, y que en verdad lo hace feliz, recién cuando está al borde de la muerte. El final de la novela es inconcluso, pero se presiente que va camino a la guillotina para que le corten la cabeza.
La visión del entorno del protagonista, al ser narrada por él mismo, se nos presenta a través de descripciones muy simples y sin ninguna profundidad interna o extremadamente emocional. Los hechos son narrados como el protagonista los vive, sin mucho interés, a veces olvidando ciertos elementos, y recordando otros que no tienen importancia (como el gusto por el café con leche, que mencionamos anteriormente).
Sin embargo, lo más destacable es la apatía que siente Meursault con respecto a su propio entorno. Se muestra un personaje callado, que habla apenas cuando es necesario, muy serio y desinteresado por todo y por todos. Nada tiene una importancia significativa para él: ni la muerte de su madre, ni el futuro matrimonio con María, ni la condena a muerte que recibe. Es como si fuera un hombre sin sentimientos, pero se trata principalmente del valor nulo que le confiere al mundo. Es importante mencionar que existe un contexto histórico en el entramado de la novela, que Camus aplica sin siquiera mencionar: Europa se encuentra en una etapa de desolación moral, con dos guerras mundiales a cuestas, y un sentimiento de profundo desencanto por la realidad. Es este mismo desencanto el que se ve reflejado en el protagonista, el cual no se siente parte de su mundo, y el mismo título de la obra lo indica, es un extranjero dentro de su realidad. Se puede pensar al personaje de Meursault como un hombre angustiado del tiempo y lugar en que le tocó existir lo cual, en vez de transmitirse con rabia o tristeza, se manifiesta con una indiferencia total por todo lo que le concierne, incluso directamente.
Para terminar, es necesario retomar los puntos centrales de la problemática. Un hombre que sin razón aparente se ha desencantado del mundo nos narra su historia tal y como él mismo la vive: sin tomarle mayor importancia. Lo que sí debe destacarse es que el final de la obra no es propiamente triste o indiferente; no muestra a un Meursault abatido por el odio y la indiferencia de los demás, sino que se alegra, y se da cuenta que esa indolencia de la vida le hace ser feliz en los aparentes últimos momentos de su vida. Lo que en un principio se ve como algo negativo, termina siendo la alegría del protagonista quien, sin darse cuenta, se ha interesado finalmente por algo: por el propio desinterés hacia el mundo.
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